El maestro Simón Rodríguez:Un pensador de la educación crítica latinoamericana

El maestro Simón Rodríguez:Un pensador de la educación crítica latinoamericana

Master Simon Rodriguez:A critical thinker of latin american education

Diego Alejandro Muñoz Gaviria y Uriel Antonio Hurtado Arias

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Recibido 05/04/2015 – Revisado 10/07/2015 – Aceptado 11/8/2015P.Nº83 – P. Nº941. Estas ideas hacen parte de la producción académica generada en la dinámica investigativa del proyecto titulado: “subje-tividades críticas, reflexivas y emancipadas de jóvenes, educadores y líderes sociales del área metropolitana de Medellín, en un espacio de formación orientado a la construcción colectiva de saberes políticos” proyecto financiado por la USB – Medellín y el IPECAL – México.2.

Resumen:

Recuperar propuestas educativas críticas latinoa-mericanas parece ser una acción quijotesca en el contexto de las actuales realidades político – econó-micas neoliberales, donde el llamado a lo efímero y lo trivial del mercado, parece ser desde Adorno y Horkheimer: el nuevo “canto de sirenas”, o siguien-do la tesis del viejo Marx: “el nuevo opio del pueblo”. Este texto pretende acercarse al pensamiento de uno de los iniciadores del movimiento de educación popular o de educación crítica en América Latina; en efecto, el maestro Simón Rodríguez (1769 – 1854)

Introducción

“¿Dónde iremos a buscar mo-delos? La América española es original. Originales han de ser sus instituciones y su gobierno. Y originales los medios de fundar unas y otros. O inventamos o erramos” “la sociedad existe por la crítica” “Si los americanos quieren que la revolución política que el peso de las cosas ha hecho y que las circunstancias han protegido, les traiga verdade-ros bienes, haganuna revolución económica y em-piécenla por los campos: de ellos pasará a lostalleres, diariamente notarán mejoras que nunca conseguirán empezando por lasciudades. Venzan la repugnancia a asociarse para emprender y el temor deaconsejarse para proceder. El que no hace, nunca yerra: más vale errar que dormir”Simón Rodríguez

Recuperar propues-tas educativas crí-ticas latinoamerica-nas parece ser una acción quijotesca en el contexto de las actuales realidades político – económi-cas neoliberales, donde el lla-mado a lo efímero y lo trivial del mercado, parece ser desde Adorno y Horkheimer: el nuevo “canto de sirenas”, o siguien-do la tesis del viejo Marx: “el nuevo opio del pueblo”.

Este texto pretende acercarse al pensamiento de uno de los iniciadores del movimiento de educación popular o de educa-ción crítica en América Latina; en efecto, el maestro Simón Rodríguez (1769 – 1854) se rei-vindica como el iniciador de es-te movimiento pedagógico en nuestro continente. El maestro del libertador Simón Bolívar4, es un intelectual fundante del pensamiento americano en tor-no a temas tan complejos co-mo: la educación, la política, la ciencia, la filosofía, la historia, la economía, etc. Será nuestro compromiso en la siguientes páginas, enunciar sus princi-pales tesis sobre estos temas.El maestro Simón Rodríguez ya desde el largo siglo XIX, nos había donado respuestas a la siguiente pregunta formulada por la Profesora Lia Pinheiro Barbosa: “¿qué significa pen-sar las tesituras de la resisten-cia latinoamericana, tomando por eje la educación libertaria en el fortalecimiento del po-der popular?” (2011); para el maestro Rodríguez sólo serían posibles dichas resistencias en tanto manifestaciones de una educación popular o general capaz de dotar a los sujetos americanos de una autoestima y agencia, que posibilita tras-cender las marcas coloniales heredadas por la larga noche de la invasión cultural europea.

Al respecto dice el autor: “no sea que por la manía de imi-tar servilmente a las naciones cultas venga la América a hacer el papel de vieja en su infan-cia”(2008, p.48)5Por lo anterior, la tesis a susten-tar en este texto será: el pen-samiento pedagógico – político del maestro Simón Rodríguez funda las bases críticas de una educación popular latinoame-ricana, siendo con ello una res-puesta concreta a la demanda de una invención propia, con-textual, enraizada en la reali-dad sociocultural de américa latina. En este sentido escribe el profesor Marco Raúl Mejía:“En los pensadores de las luchas de independencia, el más explicito en hablar de Educación Popular en este periodo fue Simón Rodríguez, maestro del li-bertador Simón Bolívar.

Habla de una educación que él denomina como popular y que en sus escrito apare-ce con tres características: nos hace americanos y no europeos, inventores y no repetidores; educa para que quien lo haga, no sea más siervo de mercaderes y clérigos; hace capaz de un arte u oficio para ganar-se la vida por sus propios medios” (2011,Pp: 21 – 22)Las ideas de Rodríguez esta-rán presentes en movimien-tos de la región, que como el movimiento de cultura popu-lar iniciado a finales de los cincuentas y aún actual en expresiones movimentistas como los “sin tierra” en el Brasil o el “movimiento pedagógico” en Colombia, rescata el llamado de “inventar o errar” a través de una propuesta pedagógica – política que en clave emanci-padora reivindique la dignidad y el respeto como base de to-da conquista cultural.

Para esta lectura crítica latinoamericana la cultura sólo puede ser tal en tanto: procesos contantes e híbridos de construcción de maneras de ser y estar en el mundo, una idea que será ac-tualizada en la obra del maes-tro Paulo Freire6Pensar así la cultura nos regre-sa a las tesis básicas de Rodrí-guez acerca de la importancia de resistir a cualquier manera de invasión cultural, para el au-tor: “los acontecimientos irán probando que es una verdad muy obvia: la américa no debe imitar servilmente sino ser ori-ginal” (.2008,p.47)Esta originalidad propuesta por Don Simón, implica de un lado, luchar contra las ten-taciones de diseño ofrecidas por las estrategias de invasión cultural extranjeras; y de otro, del compromiso de desalojar de sí al opresor o invasor.

Estas dos serán condiciones de posibilidad que el poder po-pular pueda configurar nuevas realidades posibles o inéditos viables (García, 2010)Para dar mayor fuerza a esta tesis, se desarrollarán a conti-nuación los siguientes temas: En primer lugar, se propone una reconstrucción histórico biográfica del autor, donde intentaremos reconocer en el maestro Simón, un pensador de época o como lo diría el profe-sor Cúneo: “al viejo observador de las revoluciones del siglo” (2008). En este apartado la ubi-cación del autor en su época será fundamental para poder comprender sus propuestas pedagógico – políticas.En segundo momento, se exponen grosso modo, las propuesta político – pedagógica del autor, aquí desarrollaremos las ideas centrales de su educación po-pular: la diferencia entre ins-trucción y educación; la relación educación popular y economía solidaria; la relación educación general y la revolución políti-ca y económica; la figura del maestro y la enseñanza; el sen-tido del inventar y las luchas sociales.

Por último, y a modo de conclu-siones se rescata la actualidad del autor, su pertinencia y lo poco tratado en la actualidad, aquí será central recuperar las ideas de pensadores que, co-mo Eduardo Galeano (2012), ven en el maestro Rodríguez el fundamento de nuestro pensa-miento crítico.

El pensamiento pedagógico – político del maestro Simón Rodríguez funda las bases críticas de una educación popular latinoamericana,

Reconstrucción histórico – biográfica: “Simón Rodríguez un observador de las revoluciones del siglo”

“Se nos viene en indumentaria de transeúnte de variados mundos, llevado por los anhelos —anclas ligeras— de estar allí donde la época puede darle alimento y destino, tal como se quiso aludir, en 1840, en El Mercu-rio chileno «viejo observador de las revoluciones del siglo». Se nos viene con sus trazas de inadaptado y diferente, lúcido y estrafalario, alucinado y santón, filósofo naturalista y filósofo idealista, preavisado y avisador, desavenido y alterador, discor-dante y concordante, insólito y ordenado, reiterador de pregun-tas completas, desolado pastor a contracorrientes, inventor discrepante y planificador para pasado mañana, par posible de Domingo Faustino Sarmiento, tutor posible de Ramón María del Valle Inclán y sus esperpentos. Es decir, pudo haber sido el primero de Los Raros, gran raro, raro principal, en la serie de un Rubén Darío menos cosmopolita”

(Cúneo, 2008,p:X)El maestro Simón Rodríguez nace en Caracas Venezuela el 28 de octubre de 1769 y muere en Paita Perú el 28 de febrero de 1854. Podría decirse que es un pensador de época, desde finales del siglo XVIII hasta me-diados del XIX, su biografía se entrecruza con la expansión de las utopías sociales de progre-so, con especial vinculación los ideales políticos – educativos de Rousseau7. Este eco rous-seauniano en Simón rodríguez puede verse presente en sus defensas pedagógicas a la auto-nomía de los sujetos, sus ideas de la posibilidad de perfectibi-lidad en el ser humano; y sus posturas políticas articuladas a la tesis de una revolución po-lítica y económica que pudie-se trascender la desigualdad de los seres humanos.

Para el profesor Reinaldo Villegas el maestro Rodríguez: “En Francia, se siente más cercano a Rousseau y su in-fluencia en el medio edu-cativo social. De Pestalozzi, incorporará su filosofía so-cial y su metodología, don-de surgen las experiencias como basamento esencial, la proyección hacia el en-torno, las habilidades crea-doras del niño” (2008,p.51)En este sentido, es pertinente resaltar su diálogo con el pen-sador venezolano Andrés Bello (1781 – 1865), con quien com-partió la intención de centrar la formación de los sujetos en una capacidad académica – política para enfrentar su época.Ser un pensador de época le permitió viajar a diferentes lugares de Europa, Asia y América con la intención de evidenciar en la cotidianidad de estas regiones, las formas concretas en que los seres humanos y los pueblos configuran sus mane-ras específicas de ser y estar en el mundo. En su biografía escribe:

“Permanecí en Europa por más de 20 años; trabajé en un laboratorio de química industrial […]; concurrí a juntas secretas de carácter socialista […]. Estudié un poco de literatura, apren-dí lenguas y regenté una escuela de primeras letras en un pueblecito de Rusia”

(2008)

Otro asunto importante es su lectura a las revoluciones de finales del siglo XVIII y prin-cipios del XIX, en especial las consecuencias de la revolución francesa y las múltiples revo-luciones independentistas en América. Para el maestro, estas revoluciones eran evidencia de las luchas sociales de la época, un momento en la historia don-de se hacia evidente el desgas-te de las maneras aristocráticas de la economía y la política, y donde los ideales burgueses de ser humano y sociedad se erigían como la nueva utopía social a seguir. Para el maestro, se debía tener cierta sospecha con las ideas de progreso bur-guesas, en tanto éstas se que-daban cortas en el intento de tornar realidad existente los ideales jacobinos franceses, a saber: la libertad, el orden, la igualdad y la fraternidad. En este sentido escribe:“se avanza allá, en técnicas para la producción de cosas, mien-tras la suerte de un jornalero difiere muy poco de la de un esclavo” (2008,p.49). Será vital para Simón Rodríguez el valor fundamental de la fraternidad, la cual se ubica en su propuesta de luchar contra toda manifes-tación de discriminación social.Con la anterior cita se hace evi-dente la crítica que Simón le hace al supuesto ideal de pro-greso occidental burgués8, en el año 1840 expone que: “En el sistema anti – eco-nómico el productor es victima del consumidor, y ambos del capitalista es-peculador … cada uno pa-ra sí y Dios para todos (es su máxima) sin advertir que el Dios para todos social quiere decir que cada uno piense en todos si quiere que todos piensen en él … una revolución política pide una revolución econó-mica”

Para el maestro, estas revoluciones eran evidencia de las luchas sociales de la época, un momento en la historia donde se hacía evidente el desgaste de las maneras aristocráticas de la economía y la política,

Una clara crítica a las ideas de ser humano, sociedad y Dios desprendidas de las ideologías burguesas – capitalistas, don-de la idea de libertad queda reducida a competitividad en el mercado, y la autonomía a mero egoísmo.Por lo anterior, y muy en sin-tonía con la crítica política de Rousseau en su famoso texto: “El Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigual-dad entre los hombres (Dis-cours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommes)” (1755), Don Rodríguez consigue develar el problema político de la concreción histórica de la idea de progreso burguesa, pues ésta solo cumplía con la idea de orden y libertad del ideario francés, reduciendo el tema a la resignación del sujeto a una simple competitividad en el mercado, sin igualdad y mu-cho menos fraternidad, asunto que será tematizado más ade-lante en torno a su defensa de la economía social. Sobre este tema escribe: “ la mayor fatali-dad del hombre en el estado social es no tener con sus se-mejantes sentir de lo que con-viene a todos” (2008,p.79)

Para el caso específico de las revoluciones latinoamericanas, el autor logra llamar la atención sobre el riesgo de creer que con la revolución política indepen-dentista ya están saldadas to-das las contradicciones y crisis sociales – políticas de la región, en su lectura una revolución po-lítica que no esté acompañada de una revolución económica y cultural está destinada al fra-caso. Sus cuestionamientos a las revoluciones americanas se centran en la incapacidad de los nuevos aristócratas criollos blancos de comprender la diná-mica histórica de las revolucio-nes, dado que ellos, igual que sus homólogos en Europa, no logran comprender las fuerzas desatadas en torno a la posibi-lidad de la transformación de la historia. Para Adriana Puiggrós:“En el fondo lo imperdo-nable en el alegato de Ro-dríguez es que cree pro-fundamente en la igualdad de los hombres a diferen-cia de los conservadores y de los positivistas, incluye en esa igualdad al pueblo iberoamericano” (Puiggrós: 2005,p.107)Para Simón una verdadera re-volución es aquella que está a la altura de la dinámica de cam-bio social, dado que un proce-so revolucionario es en este sentido permanente.

Según el profesor Carlos Rojas: “Las clases dominantes de nuestra América no acepta-ron las propuestas educa-tivas de Simón Rodríguez; más allá del apoyo de Bolívar, los más cercanos a éste, Santander, Sucre, la oligarquía criolla de los altiplanos andinos (Bogotá y Chuquisaca) se distan-ciaron rápidamente de él. Sarmiento y los positivistas exigían poblar nuestras tie-rras con europeos; su lema era: “gobernar es poblar” (Rojas,2012,p.2)Por todo lo anterior, cobra sen-tido la expresión del profesor Cúneo: el maestro Simón Ro-dríguez es “un viejo observador de las revoluciones del siglo”. Será necesario en el siguiente apartado sustentar las tesis bá-sicas de sus propuesta pedagógico – políticas.

 

Propuestas pedagógico – políticas: “simón Rodríguez el quijote americano”

“Su naturaleza, de carácter fuerte e irreverente, lo mantuvo alejado de los bienes materiales como una forma de protesta contra la dependencia de todo tipo. Por su vida ermitaña y revolucionaria fue tildado de loco. Hoy su propuesta educa-tiva a favor de los pobres, de los abandonados, de los marginados, de las mujeres, de los ilegítimos y demás excluidos sociales, repre-senta el centro de atracción para debates en innumerables recintos académicos nacionales y extran-jeros, donde es reconocido como el Quijote americano”

(Antequera,2012,p:17)

 

En términos generales, las pro-puesta pedagógico – políticas del autor se inscriben en una suerte de crítica – constructiva, es decir, un tipo de crítica que se compromete con la construc-ción de alteraciones y alterna-tivas. En tanto crítica es central para el autor la posibilidad de develar lo existente, de ir más allá de su evidencia, para des-naturalizar el estado de cosas existente. Simón Rodríguez “no sólo se había acercado al saintsimonismo adquiriendo una conciencia más clara de los problemas sociales y económi-cos que condicionan la políti-ca, sino que ya en las primeras desfavorables experiencias de Bogotá había comprendido la necesidad de tomar como punto de partida la realidad criolla. No para aceptarla, sino para transformarla sin perderla de vista y construyendo con sus propios elementos”(Uslar Pietri 1954: XXIX), esta presencia del socialismo utópico en su obra le permite agudizar su crítica a las formas de injusticia social imperantes en el contexto de las modernas naciones indus-triales capitalistas. Desde la construcción es funda-mental en el autor la invención de otras maneras de ser y estar en el mundo, de allí su claro aporte al movimiento de cultu-ra popular del continente, dado que su concepción de lo popu-lar se inscribe en la posibilidad de la invención, de la creación de alternativas a las diferentes maneras de opresión.

El con-cepto de lo popular en el autor dista mucho de sus usos político – pedagógicos en el viejo continente, donde lo popular se reducía al asistencialismo o a la intervención estatal en clases sociales oprimidas. Así, para él ya es claro que sin un proce-so de liberación y creación es imposible concretar los ideales revolucionarios independen-tistas y con ellos tornar realidad existente el poder popular. Esta perspectiva crítica – cons-tructivista del autor, que ade-más le hace digno represen-tante de una idea de progreso centrada en la capacidad de su-jetos y pueblos de movilizarse en la historia, de generar otras formas de existencia, puede ser sustentada en torno a los siguientes ejes: la diferencia entre instrucción y educación; la relación educación popular y economía solidaria; la relación educación general y la revolu-ción política y económica; la figura del maestro y la ense-ñanza; el sentido del inventar y las luchas sociales.

Creer que con la revolución política independentista ya están saldadas todas las contradicciones y crisis sociales – políticas de la región, en su lectura una revolución política que no esté acompañada de una revolución económica y cultural está destinada al fracaso.

Para la pedagogía hegemónica de la época, la idea de instruc-ción queda reducida al direc-cionamiento del estado, de aquello que el estado le exige a sus ciudadanos. Esta pedago-gía de corte occidental centra-da en las tesis liberales anglo-sajonas y en las francesas de la instrucción pública como base del progreso de las naciones, es sustentada por pedagogos de la época como el Marques de Condorcet (1743 – 1794) y Joseph Lancaster (1778 – 1838). En el caso del francés Condor-cet,9 la instrucción pública se diferencia de la educación al ser la primera la dirección que el Estado le exige a sus ciuda-danos, la segunda serían las múltiples maneras en que se incita la vida de los sujetos, es importante en este autor resaltar su interés posrevolu-cionario, de hacer del Estado francés un poder secular capaz de dinamizar el progreso de la humanidad. Las ideas del in-glés Lancaster10, asumen la instrucción como una acción es-tratégica desarrollada en la es-cuela con el fin de conducir las conductas de los estudiantes, de allí que la llamada escuela lancasteriana sea reconstruida por historiadores de la pedago-gía como la concreción del ideal de la escuela como máquina de educar (Pineau,2005).

El común denominador de los autores y de sus respectivas tradiciones pedagógicas: la francesa y la anglosajona, será la reducción instrumental de la instrucción pública como un dispositivo pedagógico que combina asun-tos pedagógicos, legislativos, políticos, administrativos, di-dácticos, curriculares, arqui-tectónicos, sociológicos, entre otros., tendientes a la defensa del Estado como máxima ex-presión de la consolidación de las naciones.Para Simón, si bien este com-ponente de la instrucción es básico, lo diferencia de la edu-cación, en tanto esta última reivindica la condición del ser humano de ser un sujeto de la decisión, sería por la educación que el sujeto puede decidir qué de la instrucción pública ha de ser integrado o asumido en su existencia. Al respecto escribe:

“En las repúblicas la Es-cuela debe ser política también, pero sin pretex-tos, ni disfraces. En la sana política no entran mañas, tretas ni ardides. La políti-ca de la República, en pun-to a instrucción es formar hombres para la sociedad” (2008,p.68)“El hombre que gobierne pueblos, en el día debe repetirse con frecuencia (….) ¡sólo la educación (…) impone obligaciones a la voluntad¡ Estas obligacio-nes son las que llamamos hábitos. En el sistema repu-blicano la autoridad se for-ma en la educación porque educar es crear voluntades (…) Asuma el gobierno las funciones de padre común en la educación, generalice la instrucción i el arte social progresará, como progresan todas las artes que se culti-van con esmero”. Y agregó: “Hay que formar nuevas costumbres i gobernarse con ellas. Nada importa tanto como tener pueblo, formarlo debe ser la única preocupación de los que se apersonan por la causa social”

Esta diferenciación existente entre instrucción y educación es un valioso aporte pedagógi-co y político para la época, pues permite desmarcar cierta pers-pectiva crítica de la pedagogía de la hegemonía ideológica de-fensora del establecimiento. El nombre asignado por el maes-tro a esta perspectiva pedagó-gica crítica Latinoamérica es: educación popular o educación general, diferenciándola de las alusiones europeas de ésta co-mo mero asistencialismo a los marginados o como forma seg-mentaria y focalista de asumir la instrucción requerida por el estado para sus ciudadanos. Para el maestro, esta educación popular en américa latina sólo tiene una posibilidad: la crítica y la construcción, nuevamente inventamos o erramos.

“Debemos emplear medios tan nuevos como es nueva la idea de ver por el bien de todos. La misión de un gobierno liberal es cuidar de todos, sin excepción, para que cuiden de sí mis-mos después, y cuiden de su gobierno. Hay que for-mar nuevas costumbres i gobernarse por ellas. Na-da importa tanto como te-ner pueblo, formarlo debe ser la única ocupación de los que se apersonen por la causa social. Bueno es que un ciudadano sea un literato, un sabio, pero an-tes debe ser un ciudada-no, (…) los hombres deben prepararse para el goce de la ciudadanía, con 4 espe-cies de conocimientos: (… ) instrucción en la 1ra. i la 2da. Edad: Instrucción so-cial para hacer una nación prudente; instrucción cor-poral, para hacerla fuerte; instrucción técnica para hacerla experta; instrucción científica para hacerla pen-sadora” (2008,p.63)

la relación educación popular y economía solidaria, demues-tran un atisbo de materialismo histórico en el autor, es decir, no su inscripción en la escuela político – filosófica de Marx, sino un método de comprensión de la época que exige de cada idea formulada su sustento en lo material- concreto. Así, una educación popular que desde el imaginario exige una socie-dad concreta equitativa e in-cluyente no podría realizarse en condiciones donde la ma-terialidad de la cotidianidad niega esta posibilidad, cierra su existencia11. Para el maestro, las ideas no son sólo lo expuesto en la verbalidad o lo consigna-do en la escritura, ha de derivar en praxis o prácticas concretas encaminadas a la transforma-ción social y cultural. La economía social es en su lectura una propuesta concreta de enfrentar la desigualdad del los seres humanos, por ello su interés central será la defensa de la igualdad de posibilidades y oportunidades en los sujetos, y la educación popular será el vehículo cultural que posibilita que ese inédito sea percibido como viable.

Es la educación popular la llamada a cambiar a los seres humanos que luego cambiarán el mundo, una idea que nos conecta nuevamente con el maestro Paulo Freire. Así, la relación educación po-pular y economía social, es la relación existente entre las ideas y las prácticas, entre los pensamientos y las acciones. No sería posible la idealidad de la educación popular sin la concreción de la economía social. Lo que puede a su vez argumentar que la educación popular no es posible en una economía de mercado o que una educación instruccional – bancaria no sería posible en una economía social.

La relación educación popular – economía social es la propuesta de Simón para tornar realidad existente la revolución política, cultural y económica necesaria para la liberación de américa latina, en sus palabras: “Son los pobres, los desposeídos, los más necesitados de educa-ción. Ella hará libres a nuestros pueblos” (2008,p. 26)Pensar así la educación y la economía evidencia el compro-miso de este pensador con las clases sociales más marginadas y con todas aquellas formas de vida estigmatizadas por la he-gemonía occidental. La profe-sora Puiggrós expone que:

“Rodríguez afirmaba con toda la fuerza de su escritura que la educación lati-noamericana debía tener como núcleo organizador, y como sustento, a la po-blación pobre marginada, a la cual consideraba con las mismas dotes intelec-tuales y con los mismos derechos al acceso a la educación que al resto de los habitantes. Los negros, los indios, los pobres, los que no tenían condiciones legales para ser electores ni candidatos a ser elegidos por falta de instrucción, debían constituir la base de un sistema educativo que jugara para una democracia que el maestro de Bolívar soñaba popular”

Esta educación popular o edu-cación general y la revolución política y económica de la re-gión, exigen de los sujetos y colectividades un mayor com-promiso en la encarnación de la crítica y la construcción. Es claro que en su propuesta pedagó-gica y política existe una crítica radical al naciente capitalismo, en el cual los beneficios y por ende la acumulación del capi-tal se realiza en un sector de la sociedad, no en la totalidad so-cial. Además, fue un crítico de la deshumanización imperante en el paradigma extraccionista del capital, en donde se extrae todo de la naturaleza y del ser humano mismo, sin importar sus respectivos agotamientos o desgastes. En este sentido, también cues-tionó la reducción antropológi-ca que el capitalista hace del ser humano como ser egoísta, para lo cual el autor recurre a una antropología relacional he-redada de sus lecturas a Rous-seau y Saint Simón. La tarea central de una verdadera revo-lución sería confrontar política, cultural y económicamente es-tas reducciones antropológicas y sociológicas del capitalismo.

Como buen pedagogo, el maes-tro Rodríguez dedica gran parte de su obra a la reflexión en tor-no a la relación maestro – ense-ñanza, una clave para que dicha revolución política, cultural y económica se exponga cohe-rente con la educación popular. Para el autor, ser maestro es un compromiso que trasciende su función instrumental, es decir, su simple reducción a ser fun-cionarios del estado o ejecuto-res de la instrucción pública. Ya en sus primeros textos, como el de 1795 donde elabora una in-teresante crítica a las escuelas coloniales de finales del siglo XVIII en Caracas Venezuela, evi-dencia como ser maestro (a), ha de estar a la altura de la opción por una lucha social donde la igualdad, la dignidad y la fraternidad se ha-gan prácticas concre-tas, el ser del maestro sólo es posible si su hacer es consecuente con estas ideas. En sus términos:“Enseñen y obtendrán mucho más de lo que desean los filó-sofos y publicistas europeos: tendrán la satisfacción de oír las bendiciones de sus hijos, durante sus días y morirán se-guros de haber erigido, en el corazón de sus descendientes un monumento eterno a su me-moria… enseñen” (2008,p.67)Ahora bien, esta concepción vocacional y comprometida del oficio del maestro, implica a su vez una resignificación de la enseñanza, desplazándola de su instrumentalidad instruc-cional hacia un gesto pedagó-gico donde el maestro enseña fundamentalmente con su vida.

Enseñar en clave pedagógica y política es asumirse como un ser en búsqueda de la coheren-cia entre lo dicho y lo hecho, entre la palabra y la existencia, por ello ser maestro (a) es bá-sicamente el pretender hacer-se coherente en la praxis. Una idea pedagógica – política que recuerda la sentencia apolínea de “cuidarse y conocerse a sí mismo”. Para el maestro: “nada ha de haber en la enseñanza que tenga visos de farsa: las funciones de un maestro y las de un charlatán son tan opuestas, que no pueden comparase sin repugnancia” (2008,p.67)Por último, la idea de la in-vención en esta propuesta en fundamental, máxime cuando dicha invención trasciende su actual reducción técnica. La invención para el maestro Ro-dríguez tiene una estrecha re-lación con las luchas sociales, el inventar se hace sinónimo de resistir, alterar, transformar, construir realidades sociales que trasciendan el colonialis-mo occidental y el capitalismo. De allí su famosa frase: “la sabi-duría de la Europa y la prospe-ridad de EE.UU. son dos ene-migos de la libertad de pensar en América” (2008,p.65)Esta libertad de pensar es inventar maneras de ser y estar en el mundo capaces de luchar contra los colonialismo y las opresiones que invaden polí-tica, económica y culturalmente nuestra región, asumirse como sujetos potentes capaces de confrontar las colonialidades del ser, del saber y del poder.

En tanto colonialidad del ser, como ya lo enunciamos, impli-ca desalojar de sí al coloniza-dor, romper con las imágenes de ser humano impuestas por fuerzas externas y que generan en el sujeto un yo minimizado, como lo expresa Fer-nando González: “un yo acomplejado”. La colonialidad del sa-ber, se refiere a ese colonialismo intelec-tual, que el mismo Fals Borda confrontará con tata fuerza, y que se edifica sobre las ba-ses del desconocimiento y la desconfianza en los saberes propios, populares, originales, cotidianos, situados, del sur. Por último, el más evidente de los colonialismos, el político implica resistir las presiones de control político, económi-co y militar de nuestros terri-torios, con lo cual, como ya lo expuso el maestro Rodríguez, la américa debe comprometerse en una suerte de defensa de su soberanía cultural, política, económica y territorial.Es claro que esta invención co-mo expresión de la lucha social ha dejado grandes compromisos históricos, y que en su ma-terialidad no podría hablarse de una realización plena, pero si nos coloca en el presente un reto enorme de transformación. Para el maestro:

“No es de admirar, pues que los progresos de las luchas sociales sean tan lentos: todos los conocimientos adelantan … muchos lle-gan a su perfección… ellas parecen estacionarias. La ignorancia, casi general, en que vive la clase inferior del pueblo…. Los caprichos de la clase media… y las pre-tensiones de la superior, con la causa y todo es igno-rancia. Porque, el capricho es una voluntad no moti-vada, y la pretensión mal fundada es voluntariedad”

En las últimas páginas intenta-remos exponer algunas de las miradas actuales que nos ofrece la propuesta pedagógica y política del maestro Rodríguez.

A modo de conclusión: “la actualidad del pensamiento de Simón Rodríguez o sobre el arte de pensar”

“El método pedagógico para formar ciudadanos es para Simón Rodríguez el ‘arte de pensar’ y para Freire la concientización. Podemos unir la intención significativa de ambos esfuerzos educativos en la expresión “pensamiento crítico”

(Rojas,2012, p.11)

La actualidad del maestro Si-món Rodríguez puede eviden-ciarse en su llamado al arte de pensar. En un capitalismo que aliena con la reconfiguración del cuerpo, el pensar no se ha-ce tan sencillo, donde todo es ligero, banal, líquido, flexible, relativo, desechable, el pensar no es una práctica cotidiana. Por ello, volver a las tesis del maestro es desafiar está época, sentirnos incomodos (as) con estos tiempos triviales – velo-ces, y reivindicar nuestro ser y estar en el mundo desde la dig-nidad y potencia del habitar el mundo, sin opios, sin pastillas para dormir. Por ello Eduardo Galeano escribe:

“Hoy nació en Caracas, en 1769, Simón Rodríguez. La Iglesia lo bautizó como párvulo expósito, hijo de nadie, pero fue el más cuerdo hijo de la América hispánica. En castigo de su cordura, lo llamaban El Loco. Él decía que nuestros países no son libres, aunque tengan himno y bandera, porque libres son quienes crean, no quienes copian, y libres son quienes piensan, no quienes obedecen. Enseñar, decía El Loco, es enseñar a dudar”

Este llamado al arte de pensar se ubica en la perspectiva de lo que José Martí (1853 – 1895) denominó “Nuestra América”, un movimiento cultural y político capaz de generar praxis de resistencia y de propuestas a las maneras de invasión imperial del viejo continente. Hoy su presencia podría recordarnos los errores de seguir acrí-ticamente los encantamientos del norte, sus nuevos cantos de sirenas en la industria cultural, sus formas de manipulación de nuestros cuerpos a través de la generación de mayores deseos. Nuestra américa requiere de “héroes de leyenda” que como Rodríguez, Martí y muchos otros y otras, nos recuerden y motiven a inventar nuestras propias formas de ser y estar en el mundo. Otra de las actualidades del autor, se encuentran en sus propuesta de lucha centrada en la educación, un tipo de educación emancipadora – crítica que permita quitar el velo de las formas bancarias de manipulación instrucción actual, y desde allí, configurar praxis educativas – políticas que estén más allá de la reducción instrumental, y que nos recuerde la centralidad de ser sensibles ante el sufrimiento de la vida.

Por ello, Simón Rodríguez puede ubicarse en la corriente que desde Freire denominamos educación liberadora. Se trata de una tradición de pensamiento que nos reta en la actualidad desde la indignación y la movilización contra el poder hegemónico neoliberal, a través de pensadores como: Simón Rodríguez (1769 – 1854), José Martí (1853 – 1895), Eugenio María de Hostos (1839 – 1903), José Carlos Mariátegui (1894 – 1930), Aníbal Ponce (1898 – 1938), José Vasconcelos (1882 – 1959), Pau-lo Freire (1921 – 1997), Orlando Fals Borda (1925 – 2008), entre otros.

Esta tradición de pensamiento centrado en la liberación, en la defensa y construcción de poder popular, nos reta política y pedagógicamente para resistir la mercantilización de nuestras vidas, nuestros territorios, nuestras ideas, nuestra educación. Como lo escribió el maestro: “hacer negocio con la educación es … diga cada lector todo lo malo que pueda, todavía le quedaría mucho que decir” (2008,p.75)

 

Este documento fue publicado en la Revista Kavilando del 13 de enero de 2015

https://www.kavilando.org/revista/index.php/kavilando/article/view/38

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